Life Coaching

Alcanza la Agilidad emocional como primer paso a descubrir y materializar tus talentos

La forma bajo la que nos vemos a nosotros mismos, a nuestros pensamientos, a nuestras emociones, a nuestra historia personal puede ayudarnos o dificultarnos prosperar en un mundo cada vez más complejo e interconectado con otras personas y con otras realidades que tenemos tan lejos y tan cerca al mismo tiempo.

La forma en que manejamos nuestro mundo interno lo impulsa todo: cada aspecto de cómo amamos, cómo vivimos, cómo dirigimos nuestra vida profesional, e incluso cómo conducimos. 

La visión convencional de las emociones, como buenas o malas, positivas o negativas, es rígida. Y la rigidez es tóxica; sobre todo frente a la complejidad. Necesitamos mayores niveles de agilidad emocional para alcanzar una verdadera resiliencia y poder prosperar. 

Cuando no hemos estado educados en la agilidad emocional ni en la asertividad, pueden ocurrir diferentes cosas, la mayoría malas. Podemos actuar la posición contraria de aquello que sentimos, o podemos incluso llegar a negar aquello que sentimos, infligiendo en ambos casos un gran dolor a nuestra alma.

Podemos empezar a usar la comida para adormecer nuestro dolor. Atracones y purgas. 

Un primer paso para el desbloqueo y para revertir la situación consiste en tener alguien a quién podérselo contar todo: un coach, un psicólogo, un cuaderno de escritura, una novela, un instrumento musical, ….

Sólo así podemos salir de la rigidez de la negación para abrazar la Agilidad emocional. 

La belleza de la vida es inseparable de su fragilidad. Somos jóvenes hasta que no lo somos. Caminamos de manera sexi por las calles hasta que un día nos damos cuenta de que somos invisibles. Molestamos a los hijos y un día nos damos cuenta de que hay silencio donde una vez estuvo ese niño, quien ahora hace su vida por el mundo. Estamos sanos hasta que un diagnóstico nos doblega. Y cuando eso ocurre, en el punto de inflexión hacia nuestra nueva normalidad, es normal que nos sintamos mal. Negarlo, pretender estar bien, nos aleja de la aceptación y la curación.

No tenemos que negar las emociones que consideramos negativas. No hay emociones buenas y malas. No es posible estar siempre positivo y bien. Debemos tender a la calma emocional y a la alegría emocional, por supuesto. Pero podemos permitirnos, y debemos hacerlo desde el punto de vista de salud física y emocional, poder sentirnos tristes e incluso enfadados. Recordemos las fases del duelo.

Negar no funciona. Nos vuelve rígidos. Y malos. Malas personas. Envidiosas. Egoístas. Negar lo que sentimos nos aleja del amor. 

Huyamos de la tiranía de la felicidad y la positividad permanente.

Tenemos derecho a no estar bien. Tenemos derecho a no querer hablar con nadie durante una parte del día, durante el día o durante unos días. Y no debemos sentirnos mal por ello. Ni deben hacernos sentir mal por ello. No debemos ser los bufones de nadie. Ni de nosotros mismos. Cuanto antes nos demos permiso para vivir las mal llamadas malas emociones, antes (con mayor agilidad) podremos volver a la calma; y desde ella, será más fácil poder experimentar la alegría, el amor, la generosidad, el alegrarnos por otros, la solidaridad, la creatividad, …

Acepta primero. Empieza a aceptar tu verdadera pena y dolor. Es toda una revolución que llevará tu vida a estadios que ahora no puedes imaginar.

Y luego libérate (física y/o emocionalmente). Libérate de quién debas liberarte. Y libérate de la tiranía de tener que fingir estar bien si no lo estás. De no poder decir cómo te sientes. 

Durante todo este proceso, -vía la escritura, el coaching, el psicólogo, la aceptación, la toma de una decisión firme-, pasarás de la Rigidez emocional a la Agilidad emocional. 

Al mismo tiempo, trabajar la Agilidad emocional, conseguirá que alcances antes el estadio de la aceptación y la liberación de aquello de lo que debas liberarte.