Los problemas personales y sociales del anumerismo

El anumerismo, o incapacidad de manejar cómodamente los conceptos fundamentales de número y azar, da dolores de cabeza a muchas personas que, por otra parte, pueden ser considerarlas instruidas e incluso muy instruidas.

Y a nivel social, el anumerismo da lugar a sociedades que

  • Sobrestiman la frecuencia de las coincidencias. Son personas que generalmente dan mucha importancia a todo tipo de correspondencias y, en cambio, dan muy poca importancia a evidencias estadísticas menos glamurosas pero absolutamente concluyentes. 
  • Tienen una marcada tendencia a personalizar. Personas para las que la imagen de la realidad está deformada por sus propias experiencias, o por la atención que los medios de comunicación de masas prestan a los individuos y en las situaciones dramáticas.
  • Creen en la pseudociencia. A la pregunta de por qué no cree en la astrología, el lógico Raymond Smullyan responde con ironía que es Géminis y que los Géminis no creen en la astrología.

Como anécdota sobre el anumerismo, es decir, la incapacidad general de manejar cómodamente conceptos de número y azar, la del día en que en las noticias del mediodía dijeron que para el siguiente fin de semana se esperaba lluvia para el sábado con una probabilidad del 50% y que sería mismo para el domingo, y la persona de mi lado concluyó que la probabilidad de lluvia el fin de semana era del 100%.

Los efectos del anumerismo, afectan a muchas áreas de nuestras vidas.

A veces con consecuencias inocuas como quedarnos en casa porque estamos convencidos de que la probabilidad de que llueva el fin de semana será del 100%. Otras de menos inocuas como no estimar correctamente la probabilidad de los accidentes de coche y no prevenir de manera razonada el riesgo.

Y no digamos cómo de grave esto es en el campo médico.

Oí una vez un médico que hizo con aplomo tres afirmaciones que demostraban un total desconocimiento matemático sobre un tratamiento:

  • Presenta un riesgo de uno entre un millón
  • Es seguro al 99%
  • Normalmente sale a la perfección

En general no entendemos de probabilidades y no tenemos una representación gráfica mental de grandes magnitudes como un millón de elementos, mil millones de elementos, …

Veámoslo en la siguiente historia:

En una columna sobre anumerismo el Scientific American, el informático Douglas Hofstadter cita el caso de Ideal Toy Company que, al envoltorio del cubo de Rubik afirmaba que el cubo admitía más de 3.000 millones de configuraciones diferentes, es decir, un 3 seguido de 9 ceros.

Si hacemos los cálculos, veremos que las configuraciones posibles son un 4 seguido de 19 ceros, o sea, 40.000.000.000.000.000.000, 40 millones de billones, un número de una magnitud muy superior, y no comparable, a los 3.000 millones anunciados en el envoltorio.

La frase de la envoltura es cierta, pero es muy inexacta, y por tanto no es relevante e incluso desinforma.

Miradlo así. Es como si en la entrada de Barcelona hubiera un letrero que dijera: “Barcelona, ​​más de 6 habitantes”.

De cara a poder hacer comparaciones y saber manejar grandes números, sobre todo ahora que estamos en la era del Big data, estaría bien que en la escuela nos hicieran pensar (y calcular) cuánto dura un millón de segundos, a saber, once días y medio. Y cuanto duran mil millones de segundos, a saber, 32 años.

Con un conocimiento sobre las magnitudes podríamos tomar más conciencia del alcance de los desastres ambientales y de todo lo que afecta a los presupuestos del estado.

Sería muy interesante poner a los niños y chicos preguntas como las siguientes, y enseñarles a resolverlas y poner en contexto el resultado (*):

  • ¿A qué velocidad crece el cabello humano en km / hora
  • ¿Cuántos cigarrillos se fuman anualmente en Cataluña?
  • Volumen total de la sangre humana existente en el mundo
  • Relación entre la velocidad supersónica del concord y la del caracol
  • Relación entre la velocidad con que un ordenador medio suma diez dígitos y la velocidad de cálculo humana
  • Cuando se tardaría en hacer desaparecer una montaña aislada como el Fujiyama transportándola en camiones.
  • Supongamos que lo que cuenta de Shakespeare es cierto y que Julio César dio su último suspiro diciendo “Tú también, Brutus”. ¿Cuáles son las posibilidades de que haya inhalado una molécula que César exhaló en su último aliento? La sorprendente respuesta es que, con una probabilidad superior al 99 por ciento, acabas de inhalar dicha molécula. ¿Quieres que hagamos el cálculo?

(*) El que quiera conocer las respuestas que pida una formación a medida o nos siga para estar informado de las próximas formaciones en Estadística y Probabilidades y en Data Literacy.

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